Para aquellos que no sienten iluminada la noche, pero con una estrella les basta. Aquellos que buscan sin detenerse y que abrazan el misterio con esperanza.
Porque un reino diferente se acerco, uno cuyo trono no se afirma en el palacio de Roma sino en la sencillez del pesebre.
Una fe libre se propone, no la que se esconde en las faldas del poder, sino aquella que se vive en las calles, con la gente común. Una propuesta diferente, lejos del monopolio de los hombres sagrados, cerca de la mesa de los pecadores, porque a ellos ha llegado el Evangelio de la Navidad.